Hoy me ha sonado el despertador como todas las mañanas, eran las 6:45 y mi cuerpo me decía que me quedara un rato más en la cama, pero las obligaciones diarias no me lo permitían, me he  levantado y  como cada día he mirado al exterior a través de la ventana de mi habitación, al ver el cielo gris he pensado:

¡Uf vaya día!

Son las 10 de la mañana y me doy cuenta de que me siento cansada, abatida incluso un poco triste y deprimida.

Cuando he tomado consciencia de que pensamiento ha determinado mi estado de ánimo para el día de hoy, me he sentido empujada a compartirlo contigo…

¡Uf vaya día!

¿Te das cuenta del poder de nuestros pensamientos?

¿Te das cuenta de que para cambiarlo tan solo hay que sustituirlo

por otro más positivo?

¿Qué pensamientos han hecho posible mi cambio de actitud ante

el mismo día?

¿Cómo darnos cuenta de cómo estamos pensando?

Construimos  nuestros pensamientos de forma inconsciente, funcionamos la mayor parte del día en modo automático, es decir, tiramos del histórico de nuestras experiencias, de situaciones que ya están grabadas en nuestro ADN sin que nosotros sepamos muy bien cuando ni como se instalaron allí.

En el instante en que he conectado con mi cuerpo, de que he tomado consciencia de cómo me siento, he tenido la oportunidad de desconectar el piloto automático, he pasado directamente a modo manual, es decir a estado de plena conciencia y entonces he pensado en todas las cosas que se pueden hacer en un día lluvioso como hoy, de todos los beneficios que nos aporta la lluvia y de la oportunidad que me estaba brindando mi estado de ánimo.

He empezado a prestar atención al aire fresco que entra por mi ventana, al color y al olor de las plantas del jardín, me he dado cuenta de cuan beneficiosa ha sido esta lluvia para muchos de nosotros, he escuchado en las noticias los beneficios que ha aportado esta agua maravillosa a los lugares que estaban sufriendo incendios estos últimos días.

He pensado que hoy era un buen día, que esa tristeza me estaba dando la oportunidad de conectar conmigo misma y justo sin darme cuenta he empezado a escribir, llevaba días sin hacerlo y no sabía por dónde empezar.

¡Hoy es un buen día para tener un gran día!

Detrás de esos pensamientos han ido surgiendo otros, hoy aprovecharé para hacer cosas en casa, ya no hace tanta calor y me apetece incluso hacer un poco de ejercicio.

Como ya sabrás los pensamientos son adictivos, sobre todo los negativos. Entramos en una rueda, en un bucle de pensamientos de los que no nos podemos desconectar, empezamos a evocar situaciones, sacamos de nuestra mochila situaciones similares, para poder corroborar que lo que pensamos es cierto, no necesitamos a nadie, nos justificamos nosotros solitos para que todo encaje en esa construcción: ¡Uf vaya día!

Cuando eres capaz de desconectar el piloto automático eres capaz de hacer girar la rueda en la otra dirección, de salir del bucle de negatividad en el que estabas entrando.

Te darás cuenta enseguida de que giras en otra dirección si prestas de nuevo atención a tu cuerpo, ahora mismo me siento mucho mejor, he puesto música relajante mientras escribo, he encendido incienso y me propongo disfrutar del día.

La tristeza y la melancolía nos proporcionan la oportunidad de tener unos instantes de introspección, de volver a conectar con nosotros mismos, de replantearnos la situación, el día incluso determinar que actitud queremos adoptar para situaciones futuras en las que nos encontremos del mismo modo.

Voy a disfrutar del día y tú que vas a hacer?

Como siempre te digo, si te has gustado este artículo o crees que a alguien le puede resultar interesante, no dudes en compartirlo, ellos te lo agradecerán y yo también.

Esther Campillo.